Slow Living

Slow living: qué es, de dónde viene y cómo empezar sin complicarte

Seguro te ha pasado. Te levantas y ya vas tarde. Revisas el celular,

contestas mensajes, preparas el desayuno a medias y sales corriendo.

El día ni empezó y ya estás cansada.

Si te suena, este post es para ti.

Hoy te cuento qué es el slow living, de dónde viene y qué dicen los estudios.

Te lo cuento con honestidad, sin prometerte magia. Y al final te dejo cómo

empezar esta misma semana, sin cambiar toda tu vida.

De dónde viene el slow living

La historia empieza en Roma, en 1986.

El 20 de marzo de ese año abrió un McDonald’s en la Piazza di Spagna,

una plaza muy conocida de la ciudad. Un periodista italiano, Carlo Petrini,

lideró una protesta. Se cuenta que repartió platos de pasta entre la gente.

Era su forma de decir que comer es algo que se disfruta,

no algo que se hace corriendo.

De ahí nació el movimiento Slow Food. En 1989, personas de quince países

firmaron en París el Manifiesto Slow Food. Una de sus frases dice,

más o menos: defendámonos de la locura universal de “la vida rápida”

con un placer tranquilo.

Después la idea siguió creciendo:

  • 1999: nació Cittaslow, una red de ciudades que quiere llevar la filosofía Slow Food a las comunidades. Según su sitio oficial, surgió de una idea de Paolo Saturnini, ex alcalde de Greve in Chianti, en la Toscana.
  • 2004: el periodista canadiense Carl Honoré publicó In Praise of Slow. Su libro habla de cómo vivimos con prisa y de los movimientos “lentos” en el trabajo, el hogar y la escuela.
  • 2006: Wendy Parkins y Geoffrey Craig escribieron Slow Living. Lo describen como un intento de tener control sobre el ritmo de la vida diaria.

Quédate con esa última idea: control sobre tu ritmo.

No se trata de ir lento. Se trata de elegir.

Qué NO es slow living

Hay muchos mitos, así que vamos a aclararlos:

  • No es hacer todo despacio. Hay cosas que se hacen rápido y está bien.
  • No es ser floja ni improductiva. Es poner tu energía en lo que sí importa.
  • No es dejar tu trabajo ni irte a vivir al campo.
  • No necesita dinero, una casa de revista ni objetos bonitos.
  • No es perfección. Un día puedes ir con prisa y no pasa nada.
  • No es una cura para el estrés. Puede ayudarte a manejarlo mejor, pero no lo borra.

Es una forma de decidir cómo quieres vivir tu día, aunque sea en cosas pequeñas.

Qué dicen los estudios

Aquí quiero ser clara contigo.

No encontré estudios que midan el “slow living” completo y demuestren

que mejora el bienestar. El libro de Parkins y Craig, por ejemplo,

es más una reflexión que una medición.

Lo que sí hay son estudios sobre hábitos que forman parte de este estilo de vida:

  • Tiempo y satisfacción. Un estudio de Ashley Whillans y su equipo (PNAS, 2017) incluyó adultos de Estados Unidos, Canadá, Dinamarca y Países Bajos. Encontró que gastar dinero para ganar tiempo, como pagar por ayuda con tareas, se asoció con más satisfacción de vida. Pasó sin importar el nivel de ingresos. En un experimento, también mejoró el ánimo del día. Ojo: habla de ganar tiempo libre, no de slow living en sí.
  • Atención plena. Un metaanálisis de 2014 en JAMA Internal Medicine revisó 47 ensayos con 3,515 personas. Los programas de mindfulness mejoraron la ansiedad y la depresión en personas con enfermedad mental. La mayoría de los ensayos fue de corto plazo.
  • Gratitud. En un estudio de Robert Emmons y Michael McCullough (2003), los grupos que anotaban cosas por las que estaban agradecidos mostraron más bienestar en varias medidas, no en todas. El efecto más claro fue en el ánimo positivo.

Entonces, qué podemos decir con honestidad?

Que los hábitos que acompañan al slow living tienen apoyo en la investigación.

Y que cada persona lo vive distinto.

Qué buscamos con estos hábitos

No es una promesa ni un dato medido. Es lo que buscamos cuando bajamos el ritmo:

  • Menos prisa en las mañanas.
  • Más claridad para elegir qué hacer primero.
  • Más espacio para disfrutar cosas simples.
  • Menos culpa por descansar.

Y lo mejor es que se puede empezar pequeño.

Cómo empezar esta semana

Las mañanas son un buen lugar para empezar, porque ahí se siente más la prisa.

Aquí van cinco hábitos. No tienes que hacer los cinco. Elige uno.

1. Toma agua antes de tocar el celular.
Es un minuto. Sin pantalla. Empiezas el día contigo, no con las notificaciones.

2. Deja listo lo de mañana desde la noche.
Ropa, bolso, un desayuno sencillo. Es una de las formas más simples de bajar el estrés de la mañana.

3. Despierta 10 minutos antes.
No es para hacer más cosas. Es para tener un colchón y no salir corriendo.

4. Elige una prioridad del día.
Escríbela en una nota. Si haces esa, el día ya cuenta.

5. Respira lento tres veces antes de salir de casa.
Parece poco, pero te ayuda a arrancar con más calma.

Mi consejo: repite el mismo hábito toda la semana.

Cuando se sienta natural, agrega otro.

Si quieres sumar algo más, prueba esto por la noche:

escribe una cosa por la que estás agradecida. Una sola. Puede ser pequeña,

como una comida rica o un mensaje que te alegró.

Ante de irte

El slow living no es una moda ni un estilo bonito para las fotos.

Nació como una forma de defender el tiempo y el placer de las cosas simples.

Y hoy te sirve para algo muy concreto: tener mañanas menos aceleradas.

No tienes que hacerlo perfecto. Solo tienes que empezar.

Cuéntame en los comentarios: cuál de los cinco hábitos vas a probar mañana?

Nos vemos en el siguiente…Eli


Recursos que vale la pena guardar

  • Libro: In Praise of Slow, de Carl Honoré (2004). Es el libro que popularizó la idea. Revisa si existe una edición en español.
  • Cittaslow: cittaslow.org. Para conocer la red de ciudades lentas y su idea.
  • La historia de Slow Food (en inglés): The story behind the Slow Food revolution, de Great Italian Chefs.

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